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martes, 19 de junio de 2018
APERTURA DEL CENTENARIO
20/03/2018 - 187 Visitas


La unión hace la fuerza

Por todo lo que ha sido…¡Gracias!

A todo lo que ha de ser ¡SÍ!

 

Llegó el fin de semana señalado para iniciar la apertura de nuestro I Centenario, el fin de semana anterior al día de San José, fecha en la que comenzó su andadura la Congregación. Nos reunimos en Cájar un gran número de hermanas de todas las comunidades de España.

Cájar nos recibió con una alegre y copiosa lluvia que empapaba la tierra y la llenaba de esperanza de un fruto venidero, pero más aún su recibimiento fue una gran lluvia de cariño, detalles, colorido, risas, nerviosismo y alegría por lo que cada una iba a aportar y a la vez esperaba recibir de este encuentro preparado, soñado y realizado entre todas.

Y comenzamos nuestra celebración el sábado, recordando, pasando por nuestro corazón, las personas y los acontecimientos  que han ido marcando estos cien años de nuestra historia, personas y acontecimientos grandes y pequeños  todos ellos con un denominador común: el esfuerzo, la alegría, el empeño, el servicio, el trabajo bien hecho, la entrega  radical en tiempos difíciles y más serenos  al legado recibido desde el origen : la educación y formación integral a la mujer, que con el tiempo abarcaría a todas las personas: niños, jóvenes, adolescentes…de cualquier clase y condición  social,  pero con la preferencia  siempre a los más necesitados  de ayuda material y espiritual. Una vez que hicimos este repaso por nuestra historia congregacional,  cada comunidad presentó  los rasgos más significativos y la evolución de su historia local, testimonios emotivos  e interesantes, detalles contados desde el cariño y el recuerdo  a las hermanas que nos precedieron, agradecimiento de tanto bien recibido  y reconocimiento del paso de Dios por nuestras pequeñas historias.

Al finalizar la tarde  nos reunimos en la capilla  para orar comunitariamente desde nuestros textos constitucionales y antes de ello recibimos la gran sorpresa de encontrarnos  con un magnifico cuadro  colocado en el presbiterio y que simbolizaba la actualidad  de nuestro carisma: una mujer, Amalia Cea, que supo unir, fortalecer y dar continuidad al legado recibido  y ofrecerlo  a sus hermanas  dando continuidad a la educación de tantas niñas y jóvenes  que recibieron la fuerza, la alegría y el cariño de las hermanas a lo largo de la historia  y que a su vez  fueron abriendo nuevos caminos acogiendo también a los niños  y adolescentes que  se sumaron a su labor apostólica.

La noche se presentía  llena de sorpresas  y fiesta, en los rostros de las hermanas más jóvenes se advertía esa complicidad de quien llevaba tiempo preparando una velada  en la que todas pudiéramos participar y disfrutar…y no defraudaron: bailes, canciones, representaciones cómicas, concursos , regalos y… tarta de cumpleaños, nos hicieron pasar un tiempo de convivencia y fraternidad entrañable  que  consiguió que todas  nos sintiéramos protagonistas  y a la vez partícipes de todo lo que con tanto cariño habían organizado.

El domingo centró la apertura del centenario en torno a la Eucaristía , anteriormente preparada  por las comunidades  que se esmeraron en llevar a cabo lo que a cada una le correspondía: moniciones, cantos, lecturas, ofertorio, peticiones, acción de gracias… todo fue preparado con  dedicación y esmero y así con la participación de todas la celebración fue solemne  y  emotiva  con un objetivo central: la Acción de Gracias; fue presidida por nuestro querido P. Eleuterio López , el cual  con una homilía  profunda y cariñosa, llena de contenido teológico pero a la vez de conocimiento y familiaridad de nuestra Congregación  nos emocionó y a la vez ilustró nuestros ser y hacer como religiosas  Hijas del Patrocinio de María. También acompañaron en la celebración tres Padres agustinos, los cuales han sido y son compañeros de nuestro camino congregacional durante muchos años.

La Iglesia vibró con la entonación de nuestro Himno y por nuestra mente y corazón fueron desfilando el rostro de nuestras hermanas que nos han precedido y de aquellas que en estos momentos no se encontraban físicamente con nosotras pero que estaban en nuestro corazón y de forma especial las hermanas de las comunidades de Venezuela y Manizales.

El final de la celebración fue la comida, compartida en un ambiente sencillo y alegre, muy bien preparada y con su detalle correspondiente.

Creo que sólo falta añadir que la satisfacción por parte de todas y las caras sonrientes han demostrado una vez más que “la unión hace la fuerza” y que “el Señor ha estado grande con nosotras y estamos alegres”.

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